Impunidad y justicia desde las mujeres

Impunidad y Justicia desde las mujeres

Intervención en el Foro Contra la Impunidad, Caracol de Morelia,Torbellino de nuestras palabras,  20 y 21 de Junio, 2009

Sylvia Marcos

Cartografía de la impunidad

Carlos Fazio ha dicho que, ante el ascenso de la violencia y la impunidad de los que mandan, como política de Estado, y de la criminalización de la protesta, urge:

1. documentar

2. sistematizar

3. compartir para crear redes.

“México”, como dice un conocido analista político,”sigue siendo un invernadero de inequidades e impunidades en espera de ser extirpadas” (Sergio Aguayo, Reforma, 10 junio 2009, p.11).

En Atenco “…prácticamente se planeó un operativo para ir a golpear, humillar y vejar a individuos” (Ernesto Mendieta, ex jefe de la Unidad Antisecuestros de la PGR, Reforma, 10 de junio 2009, p. 5, 10)

Y ¿que decir de los abusos e insistentes hostigamientos y de todo los tipos de violencia de Estado, perpetrada durante más de 15 años contra los pueblos Mayas zapatistas y su proyecto,  por militares y paramilitares entrenados por el Estado? Sabemos de las violaciones a compañeras bases de apoyo del EZLN, de las incursiones en territorios zaptistas en que se trata de amedrentar al pueblo desapareciendo, torturando  y asesinando gente?

Un caso reciente de violencia es el de Bachajon/Agua Azul en donde los compañeros bases de apoyo del EZLN y las autoridades ejidales impartieron justicia  localizando a los verdaderos asaltantes, (Robo en las casetas/Enlace Zapatista) comprobando que los zapatistas inculpados y presos eran inocentes. Los megaproyectos capitalistas para una autopista San Cristóbal-Palenque, en contubernio con el aparato policiaco y militar del Estado han agredido y hecho presos a los compañeros bases de apoyo del EZLN que se habían opuesto a este despojo, este desalojo y ésta destrucción de la tierra comunitaria.

La historia de la impunidad se escribe hoy con nuestra sangre, con nuestros duelos y nuestras perdidas. Es una impunidad manejada y solapada por el Estado. Somos sus victimas. En cuanto a sus agentes, son frecuentemente miembros de la policía y militares, es a través de ellos que nos llega la muerte, la tortura, la desaparición, la violación. Son los brazos visibles, los tentáculos que nos estrangulan y nos sofocan. Son la parte visible  de la injusticia y la violencia criminal. Durante demasiado tiempo, las ciudadanas y los ciudadanos hemos parecido  inermes ante ellos.

El Foro que se abre hoy en el Caracol de Morelia es el espacio convivial donde encontrar y conjuntar nuestras experiencias diversas, todas tintadas por la impunidad en sus diferentes avatares. Es un espacio no solo para dar visibilidad a los crímenes denunciandolos, sino también para documentar sus condiciones, sistematizar las respuestas, crear redes, inaugurar colectivos, en breve: incrementar nuestra fuerza vital disidente. Para, también, descubrir y saber, y con ello, seguir influyendo desde abajo y a la izquierda para transformar ese mundo cada vez mas invivible

y en el que estamos hoy paradas/os.

Las mujeres sufrimos diferencialmente esta impunidad que se monta sigilosamente en la impunidad. Permite  desaparecernos, vernos como seres vulnerables, personas sumisas, dependientes, sujetas y constreñidas “inevitablemente” por nuestros cuerpos que son el terreno ideal para perpetrar crímenes que quedan sin justicia.

Ésta impunidad de los crímenes contra las mujeres abarca todo el horizonte: desde lo comunitario, lo político hasta lo más recondito del ámbito familiar o doméstico. Mujeres violentadas, golpeadas, asesinadas: los feminicidios impunes no sólo ocurren en Cd. Juarez, sino también en el Estado de Morelos, en  Guerrero, en Oaxaca en Guatemala… Somos abusadas y vejadas desde el hogar, el lugar de trabajo hasta las concentraciones y las marchas, como nos lo confirmaron en el Festival de la Digna Rabia las compañeras de la brigada callejera, las trabajadoras sexuales y también las compañeras de Atenco.

Todo eso pasa en nuestros cuerpos de mujer. Se ensañan contra nuestras características genitalmente diversas a las de los varones. Mujeres embarazadas son rasgadas de sus vientres (Acteal) y la nueva vida es destrozada, se les cercenan los pechos (Ruanda) que otrora alimentaron a esos seres indefensos en sus primeros momentos de vida,  Se las viola para ofender el “honor” del marido o de su comunidad, para sobajarlas, vejarlas, humillarlas (como miembros de la Policía lo hiceron en Atenco) y a través de las mujeres, ofender y vejar a todo un colectivo de lucha.

Pareciera que a las mujeres se nos incrustó en el cuerpo una debilidad de carácter cultural pero percibida como “innata”, debida al simple hecho de ser mujeres. Las sociedades patriarcales nos consideran deposito del honor de sus varones, terreno débil y de facil acceso en necesidad de protección contre los atacantes: somos portadoras de nuevas vidas en peligro de ser destrozada, sometidas a nuestros varones-guardianes. Eso somos las mujeres en la mentalidad ginofóbica de la mayoría de culturas de dominio masculino en el mundo.

Hemos sido consideradas botín de guerras, escoria de los vencidos, guardianas deficientes del “honor” de nuestros pueblos.

Los ejemplos sobran en nuestro país y continente pero no sólo ahí. Las denuncias han dado cierta visibilidad, las legislaciones han dado pasitos para reformular el derecho. Hay por ejemplo una Corte internacional de mujeres (the International Criminal Court). Pero aun falta tanto para que se hagan realidades jurídicas la justicia reparadora, la contrición, la catarsis, las disculpas asumidas desde el poder violador, el avergonzamiento público de los ofensores y, finalmente, posible la reconciliación y la reparación del daño. Pero ya se están formulando propuestas formales emergiendo desde las mujeres, de su concepto innovador de justicia en proceso.

La impunidad y las instituciones supuestamente impartidoras de la “Justicia” forman un binomio inextricablemente entrelazado. En él, la Ley, una de las principales instituciones del patriarcado, no opera de manera neutral o independiente de las relaciones de poder en la sociedad. Por lo tanto, la Ley tiene que ser modificada, corregida, enmendada y complementada con una concepción de justicia que eluda los espacios patriarcales sigilosamente  implícitos en ella.

Los colectivos de mujeres en todo el mundo están trabajando en eso. Podríamos mencionar: de aquí mismo, a las  compañeras del Centro de Derechos de las Mujeres en San Cristóbal, el CIAM, Cofemo y tantos otros colectivos que tengo ahora en mente, con quienes he participado y  que respeto. Tendría que hacer una lista casi interminable, ya que el movimiento de las mujeres en el mundo entero está formado por miles y cientos de miles  de colectivos que luchan por una Justicia justa y en contra de la impunidad de los crímenes contra las mujeres. A todos ellos los honro aquí, ahora. De ellos nacen nuevas formas de concebir la justicia.

La impunidad nos cerca, nos rodea, nos invade, nos corroe. A todos: varones y mujeres, comunidades. La impunidad deja crímenes sin castigo, sin retribución, sin reparación, sin sanación.

La venganza no es justicia

Las mujeres lo sabemos, algunas tratamos de crear formas de encararla y proponer la justicia desde  “otro” lugar y concebirla de “otra” forma.

Ante la impunidad a los crímenes sexuales perpetrados en Atenco, ante las violaciones a compañeras zapatistas, ante los horrores vividos en la APPO, ¿que otras propuestas de justicia se pueden visualizar? ¿Concebir?

Se propone por ejemplo crear una Tribunal Autónomo Continental contra la impunidad. Por mi parte, quisiera reflexionar a partir de ejemplos tomados de lo que llamamos las Cortes (tribunales) de las Mujeres. Ahí constatamos la aportación de las mujeres a las formas de concebir la justicia, de completarla, de reformularla: una justicia que cuide, que compense, que conserve, no una justicia que es simplemente castigo o venganza.

Hace unas semanas en la India, tuvimos una reunión sobre este proyecto que ha llevado a cabo ya más de 300  Cortes o tribunales de las mujeres. En ellas, jueces y juezas, testigas, y jurados logran, no solo denunciar, documentar, sistematizar sino también reparar y sanar las  injusticias desde la situación de las mujeres. El genocidio en Ruanda, los asesinatos de mujeres por cuestiones de la dote en India, los crímenes del neoliberalismo hacia las mujeres en América Latina (Cortes de las Mujeres tuvieron lugar en la Habana en Marzo 2006 y en Caracas durante el Foro Mundial Social celebrado en febrero del 2007) fueron algunas de las temáticas de estas Cortes.

Enseguida daré dos ejemplos de esta otra forma de hacer justicia desde las mujeres:

1. En la India, las compañeras de los tribunales de la mujer o Cortes de las mujeres se afanan por contextualizar históricamente los crímenes cometidos hacia las mujeres por cuestiones de la “dote”. Se sabe que muchas son quemadas seudo-accidentalmente por la familia del esposo (frecuentemente la suegra) por haber recibido una dote considerada insuficiente. Estas costumbres bárbaras han sido investigadas con acuciosidad. Las compañeras han logrado revisar el proceso de cambio de estas costumbres desde 40 años atrás. ¿Que han descubierto? Que el neoliberlismo y la sociedad de consumo y de  mercado no sólo han exacerbado las costumbres de intercambios materiales sino que las han alterado. Basada originalmente en el trueque, esas costumbres están ahora distorsionadas por los desmanes de un capitalismo de acumulación depredadora. Esta alteración da lugar al incremento de la crueldad delictiva hacia las mujeres. Las companeras que hacen la investigación de base antes de cada Corte, encontraron que esas costumbres criminales particularmente hostiles hacia las mujeres no son  propias de un pueblo y sus tradiciones sino producto del capitalismo salvaje que las distorsiona.

2. Las compañeras de las Filipinas han trabajado acompañando a las mujeres que fueron esclavas sexuales durante la segunda guerra mundial, las llamadas “confort women” que los militares japoneses robaban de sus casas cuando eran aun niñas para que los soldados las “usaran” y violentaran. ¿Que hacen las Cortes de las Mujeres de Filpinas para hacer justicia reparando algo del daño hecho a estas mujeres que, deshonradas, fueron desechadas por sus propias familias después de la guerra? Insisten y ejercen presiones públicas y políticas para recibir una disculpa pública  por parte del primer ministro de Japón, un proceso en curso desde varios años. Esas mujeres sienten así que son reivindicadas social y políticamente por las humillaciones, vejaciones y daños de todo tipo sufridos a mano del ejercito japones.

Se ha dicho repetidamente que estos tribunales no tienen poder jurídico ni legislativo sino que sólo tienen una gran autoridad moral. También se dice que sólo son  “simbolicos”, como si el proceso de simbolización no forjara e incursionara en las profundidades del ser humano para conmocionarlo y moverlo a la acción.

Sin detrimento de su poder como “autoridad moral o simbólica”, yo quisiera enfatizar aquí aun otra de sus dimensiones. Esos tribunales, por muy desprovistos de poder jurídico-legislativo que sean, pero con toda su carga de autoridad moral, están recreando un concepto de justicia desde abajo. Están documentando a las y los ciudadanos, están sistematizando las ofensas cometidas en todo el mundo por las pequeñas elites de poder económico y político que dominan y sobajan al pueblo, a nosotras, nosotros, al resto del mundo. Están propiciando y produciendo la  consciencia de aquellos que estamos unidos porque, como diría el Sub Marcos, “tenemos los mismos enemigos”. Están, en fin, fomentando, volviendo posible, la emergencia de poderes populares, de coordinaciones de la “globalización desde abajo”, de la reconceptualización y reconfiguración de lo que se considera justicia, y de cómo llevarla a cabo. También propician la visibilización y comprensión de la impunidad  particular sufrida desde las mujeres.

“Conocer el origen y la naturaleza del dolor, los mecanismos del terrorismo de Estado y del discurso del poder que justifica la barbarie y el odio al otro, implica desarmar su lógica de manera preventiva, su vigencia hoy y su eficacia.  …el silencio es cómplice y favorece la reproducción de la violencia y el terror de Estado…Es necesario identificar todas las formas de impunidad vigentes en su dimensiones militar, jurídica, económica, cultural, comunicacional” (Carlos Fazio, “No a la impunidad”, La Jornada, 15 de Junio 2009, p.26). Y de género, agregaría yo.

Entonces, la vigencia de estos tribunales, llamense  Cortes de las Mujeres o tribunales de los pueblos y su importancia en estas luchas van  más allá del simbolismo y la autoridad moral: en realidad son canales por donde fluye la sabia de un mundo nuevo que emerge desde nosotras, nosotros, abajo y a la izquierda. Expresan la posibilidad de una organización política desde abajo. Forjan una consciencia y un conocimiento revolucionario al hacer oír, una y otra vez, desde todos los rincones del “Sur global”, como la depredación capitalista y corporativa asume y re asume las mismas estrategias de terror de Estado, de militarización, de criminalización de la protesta social, de destrucción del planeta y de las injurias, la particularidad  de las vejaciones y violencias ejercidas sistemáticamente contra  las mujeres.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: