Reseña del Libro Cruzando Fronteras por Mariana Favela.

Buenas Noches.
Existen cuando menos dos tipos de “intelectuales”: los que quieren enseñar y los que como y cuando aprenden, nos enseñan. Sylvia pertenece al segundo tipo y Cruzando fronteras es un diario de sus saberes.
Leí cruzando fronteras como una geografía autobiográfica, autoetnográfica, dirán quienes no temen objetivarse ni siquiera a sí mismos. Una geografía que mezcla lugares y personas con diversos ritmos. Una geografía acompasada donde cada voz es una enunciación y una memoria. Desde Chiapas hasta Irán, de Perú a Palestina; lugares lejanos en distancias se hermanan en luchas, comparten estrategias.
La voz es una, de quien nos narra, pero a la vez, a través de ella, se desliza la palabra de tantas. No para hablar por otras, más bien, para contarnos lo que eso, en ella, desata. Sus interpelaciones y sus desvelos. Es un poco, como una terapia en voz alta.
A la gente de cubículo le encanta definir, tal vez en correspondencia con el sentimiento de claustrofobia mezclado con seguridad que deben invocar las cuatro paredes y un letrerito con su nombre colgando en la puerta. En el mejor de los casos, cuando acusa la culpa, se recurre a la deconstrucción y nos olvidamos con frecuencia que la crítica es, ante todo, creatividad. Y tal vez no hay creatividad más rica que la que nace del diálogo.
Juglar y trovadora de resistencias, la autora se desplaza con rarísima comodidad entre mundos que se pretenden divorciados. Desdibujando los muros entre la lucha social y la academia, la teoría y la práctica, lo indígena y lo no indígena, la historia y el presente. El resultado es, en el sentido amplio del término: la experiencia. Experiencia que es vida y no deja de ser pensamiento.
No es un manual que pretende saber cómo o qué hacer, tampoco un itinerario con destino unívoco. Es un ambulante transcurrir de una mujer que posee la que quizá sea la única virtud indispensable para la sabiduría: saber escuchar. Sylvia escucha y opina, se ve en la palabra de otras y aprende. Comparte, con la pasión que le es propia y aprendemos otras.
Voy a hablar como lo que soy, o dicen que soy, una estudianta feminista un tanto disfuncional. “Entre feministas no soy feminista”, le dije a Sylvia cuando la conocí. Demasiado “politizada” para la academia de filosofía, demasiado “teórica” para la lucha social, quedaba siempre en un limbo. Un limbo que Sylvia vive como tierra para sembrar sueños.
A mí, he de ser honesta, las feministas me caen mal. Me caen mal cuando creen saberlo todo, cuando me explican cómo y quién soy. Cuando se afirman más allá del bien y del mal, cuando te alineas o eres macha. Las que ya ni en el feminismo nos encontramos, vemos en el zapatismo una esperanza para la DIVERSIDAD con JUSTICIA. Y aunque a algunas no les guste, sí somos feministas. Que le pongan la “s” al final porque feminismos somos muchos.
La propuesta de este libro es incómoda porque cuestiona imposiciones, subvierte sumisiones y enuncia resistencias. En él no somos víctimas silentes sino muchas y bien organizadas. La teoría y la práctica no son dos momentos, sino uno mismo. Las consecuencias en su narrativa, les adelanto, son políticas y mientras otra política es posible, se requiere otro poder. Así pues, el pensamiento de Sylvia es un pensamiento militante, militante y que teje resistencias.
No conforme con sacudir a “intelectuales”, activistas y feministas, Sylvia se traslada hasta los saberes. La epistemología, para decirlo con caché. Nos muestra que otra cosmovisión implica otro saber. No sólo qué sino cómo aprendemos. Lo cotidiano. En medicina, en filosofía, en política, largo etcétera. Su palabra, que es la de la sabiduría mesoamericana, nos libera incluso de la prisión de la carne. Nos traslada del dualismo mente y cuerpo a la porosidad fluida de nuestra pertenencia cósmica. Suena la voz de escribanas, curanderas, parteras, de mujeres que en la clandestinidad vivifican, reinterpretan y comparten su conocimiento.
El tema es urgente hoy que desde la Suprema Corte de Injusticia de La Nación, han prohibido y amenazan con castigar a quienes practiquen conocimientos distintos a la ciencia occidental. Ciencia que objetiviza, medicina que deshumaniza. Cuando prohíben a sanadores y saberes que no pertenecen a la tradición científica hegemónica, quieren prohibir su cosmovisión, quieren prohibir nuestro derecho a decidir.
Permítanme ahora exponer el orden de la obra. La primera parte, pues, es el eco de la palabra zapatista en el corazón de Sylvia, que no por su continuo rebote va perdiendo la fuerza, al contrario. La segunda, es una sistematización de las aportaciones de los feminismos indígenas. Un destilado de los que podríamos nombrar, principios de la filosofía mesoamericana: dualidad, complementariedad, equilibrio fluido y paridad. Fue justo al final de esta segunda parte, cuando extrañé algo. En el último párrafo del apartado cuando nos platica la palabra de Doña Luz, curandera sabia, granicera vecina del popo y del ixtla, cuando se lee que
“La teoría tiene que reformularse para comprender no sólo a Doña Luz, sino a las mujeres indígenas que con algunas variantes comparten esa concepción del ser”
No digo que no pero es que la teoría feminista tiene que dejar de sentirse teoría, eso ya hasta en la filosofía de la ciencia se ha abandonado, aunque con dolor para muchos. Tiene que reformularse, también, para entender a las feministas. Yo no me entiendo, como mujer, como estudianta, como mariana, en ese feminismo teórico.
Recuerdo una presentación de uno de tus libros Sylvia, la presentadora una compañera muy reconocida, de larga trayectoria, ícono del feminismo liberal, hegemónico para decirlo con la palabrota que se merece, quizá temerosa de sentir su propia lucha cuestionada, arremetió contra quienes consideramos indispensable la descolonización del feminismo y el fortalecimiento de un feminismo parejo; no revanchista, sin cuotas, sin discriminación, aunque sea “afirmativa”. No existe discriminación positiva, toda discriminación margina y segrega. Ella, visiblemente enfadada, acusaba a la disidencia crítica de fracturar y debilitar la lucha de las mujeres. El feminismo es “desclasado”, decía, voy a repetir porque yo misma no entiendo, el feminismo es “des-clasado”. Desclasado o descalzado algo tendrá que aprender de los zapatos, pensé. Pero no es suficiente.
Agreguemos una línea a la cita anterior, una línea que en este libro como tu vida, trasciende el papel: “El feminismo tiene que reformularse para entender a las feministas”. Tiene que reformularse para ser plural. La mención, la verdad, es un capricho porque es parte de una de las bien logradas metas de libro: “desbaratar los andamiajes discursivos teóricos que estorban la lectura desde abajo”.
Regreso a la descripción de la tercera parte. Esta tercera escala de la geografía autobiográfica es un caminar por tantos feminismos del mundo, por tantos pluriversos culturales. Es, como un oasis de esperanza. Su pluma, un megáfono para los gritos del ¡YA BASTA! mundial. Andadas las fronteras de la investigación y lo activista, lo teórico y lo práctico, la ciencia y otros saberes, toca lugar a las mujeres del mundo en pie de lucha, “donde está el corazón”, como dice ella, abajo y a la izquierda. ¿La constante? Los intentos de los pueblos por Re-conocer su cultura, ahora para la liberación. Descolonización del saber y el poder, visto desde la lucha de las mujeres en Chiapas, las beduidas, denes, mujeres del islám en Malasya, India, Egipto, Turquía, Marruecos, mujeres en Irán e incluso, en Harvard.
En conclusión, la obra es un mosaico de experiencias en tensión, fluidas, a veces esperanzadoras, a veces desoladoras pero nunca conformistas. Siempre en lucha. Es una puesta en práctica del pensamiento dual y complementario. Retórica poética que narra el fluir de tradiciones epistémicas distintas pero que se proponen complementarias. Un diálogo de tantas voces que, cada una a su ritmo y tono, en conjunto, componen un esperanzador proyecto de transformación social que arroja pistas para otras formas de aprender y organizarse.
Ésta es la historia de un libro que no quiere ser libro, para no pertenecer a las bibliotecas sino a las calles. Un concierto de resistencias creativas y creadoras que nos sirven como base, como ella nos propone, para la solidaridad y la coalición. Muchas gracias,

Mariana Favela
San Cristóbal de las Casas, Universidad de la Tierra, 26 de agosto del 2010.

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