Reseña del Libro Cruzando Fronteras por Rodrigo Hernández.

Cruzando fronteras: mujeres indígenas y feminismos abajo y a la izquierda de Sylvia Marcos es un libro/no libro, como la propia Sylvia lo llama, es decir, es un libro pero no sólo, es además un puente que busca ser caminado. Como bien señala Cortázar, “un puente no es un puente sino un hombre cruzando un puente”, o una mujer le diríamos a Julio, o mejor dicho muchas mujeres y muchos hombres cruzando un puente. Así este libro-no libro-puente, cruza fronteras y comienza a trazar caminos desde su realización. Lejos de las grandes editoriales y los grandes financiamientos, este esfuerzo editorial se construye abajo y a la izquierda con las manos indígenas del Centro Indígena de Capacitación Integral (CIDECI) Universidad de la Tierra y su serie editorial Junetik Conatus.

Y como puente se construye también a partir de las experiencias de vida de Sylvia con las mujeres zapatistas, las mujeres indígenas de nuestro país y de centro y sudamérica, las beduinas en Israel, las mujeres iraníes, turcas, israelíes y palestinas, mujeres diversas y sin embargo con experiencias de lucha comunes en la búsqueda de la construcción de un mundo nuevo.

Este libro parte de lo que los zapatistas llaman Otra Teoría, esa que hace una crítica radical a la forma dominante de hacer teoría y su práctica científica, que parte de una crítica a los intelectuales de arriba o los cabezas grandes, como los llama Elías Contreras:

A los cabezas grandes que se venden al dinero les falta la inteligencia, como les faltan el coraje, la vergüenza y el buen modo. Como dicen los ciudadanos: son mediocres, cobardes, imbéciles y maleducados .

“Allá arriba, no sólo se inventan una religión donde vale el que tiene y no el que es. También hacen unos como sus sacerdotes que escriben y predican la doctrina del poderoso entre los de arriba y entre los de abajo. Pero son como sacerdotes pero también como policías y vigiladores de que nos portemos bien, que sea que nos aceptemos la explotación y estemos como mansitos, con la cabeza diciendo “sí” o “no” según la orden. Que sea que el poderoso te chinga también con el pensamiento. Y esos sacerdotes del pensamiento de los de arriba son los cabezas grandes que se venden al dinero.”

Pudiendo estar arriba, Sylvia elige estar con las y los de abajo, partiendo de los saberes propios de los pueblos, aprendiendo a aprender nuevamente, escuchando y compartiendo, anteponiendo al reconocimiento académico el compromiso ético con los procesos de liberación de nuestros pueblos.

El libro está dividido en tres partes, en cada una de las cuales se incluyen diversos ensayos:

La primera, Zapatismo y feminismo abajo y a la izquierda.

La segunda, Para una reflexión teórica de los feminismos indígenas, y

La tercera, Cruzando fronteras.

En la primera parte Sylvia nos presenta una serie de ensayos en torno a las mujeres zapatistas, desde sus primeras reflexiones del ¡Ya Basta! del 1 de enero de 1994 hasta los avances en la construcción de la autonomía con la creación de los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, así como la creación de espacios de encuentro de mujeres indígenas en nuestro país generados a partir del impulso dado por la participación de las mujeres al interior del EZLN y la publicación de la Ley Revolucionaria de mujeres, como el Primer Congreso Nacional de Mujeres Indígenas celebrado en Oaxaca en 1997.

En esta primera parte,  señala la importancia del levantamiento armado zapatista. La crítica fundamental hecha por este movimiento a la izquierda tradicional, que muchas veces, por un lado, dejaba las demandas de las mujeres como un tema secundario, una transformación que tenía que darse, por supuesto, pero después de haber triunfado la revolución, y por otro lado, la participación de los pueblos indios en los procesos revolucionarios tan solo después de que éstos hayan dejado de ser indios. Los zapatistas, un ejército mayoritariamente indígena y con una gran participación de mujeres en sus filas, cuestionaban no solo el avance del capitalismo mundial sino también las prácticas de la izquierda tradicional y desde su ser indios e indias, devolvían la esperanza de una transformación radical de nuestra sociedad.

En estos ensayos podemos encontrar también la propuesta de una nueva práctica antropológica, opuesta al despojo de saberes de los pueblos, eso que Andrés Aubry llamaba la antropología extractiva, para en su lugar construir una práctica antropológica basada en el diálogo que de lugar a la construcción de otra teoría. Esto lo podemos ver reflejado en la reflexión de Sylvia, en la que va incorporando sus experiencias al lado de las mujeres zapatistas para generar su propuesta teórica. Así la teoría no precede a la realidad sino que es producto de ésta, rompiendo con el señalamiento de Durito de que “el problema de la realidad es que no sabe nada de teoría.” Sylvia reflexiona a partir de su experiencia con las mujeres zapatistas y regresa esa reflexión a los pueblos, a través de los diferentes espacios de encuentro convocados por el EZLN.

En esta primera parte, hay un último señalamiento que me parece fundamental:

“La Garrucha es territorio asediado. Quieren transformar a los pueblos, a todo vapor para eliminar la propiedad comunal zapatista. Quieren destruirlos desde adentro, quitándoles sus tierras, territorios y terruños. Orillando a los otrora zapatistas a traicionar para poder conservar su tierra. Estrategias desvergonzadas y viles de los poderes estatales y federales. Esa es la amenaza que acecha a la Garrucha y a otros territorios zapatistas. Es contra eso que las mujeres zapatistas en unión con sus hombres buscan una defensa.”

Desde 1994 los diferentes Municipios Autónomos, han vivido este intento de despojo de su territorio, en tanto sustento material y cultural de la construcción de su autonomía y sustento de la estructura toda del EZLN. Hoy las bases de apoyo zapatistas continúan construyendo su autonomía en un proceso de resistencia a la guerra. Ejemplo de esto, es el desalojo de 170 compañeroas bases de apoyo zapatistas de la comunidad de San Marcos Avilés, por miembros del PRI, el PRD y el Partido Verde Ecologista. Desde hace un mes, estos compañeroas se encuentran en la montaña, para evitar un enfrentamiento. Este tipo de acciones contrainsurgentes han sido impulsadas, como señala Sylvia, por los gobiernos de Felipe Calderón y Juan Sabines (el mismo al que López Obrador acompañó en su cierre de campaña, abandonando el plantón que tenía en el Zócalo, para evitar el avance de la derecha en Chiapas), así como los diferentes gobiernos municipales priistas, perredistas y de los partidos Convergencia y Verde Ecologista, la imposible geometría del poder de la que nos hablan los zapatistas.

En la segunda parte del libro, Sylvia nos presenta una serie de ensayos en los que señala los aportes fundamentales de las mujeres indígenas al feminismo, partiendo de lo que llama dualidad de opuestos en fluidez  ejemplificados en la religiosidad, la comunidad, la oralidad, los derechos y la medicina de las mujeres indígenas, desarrollados a partir del profundo conocimiento de Sylvia sobre las culturas mesoamericanas.

En esta segunda parte, plantea la crítica hecha por el feminismo hegemónico al sujeto abstracto universal construido por la modernidad capitalista, pero oponiéndole otro sujeto abstracto universal pero femenino, la Mujer (con mayúsculas y en singular). El aporte de las mujeres indias y las mujeres afroamericanas al pensamiento feminista está precisamente en hacernos ver que el análisis desde la perspectiva de género se encuentra sesgado si no tomamos en cuenta las diferencias de clase, étnicas, raciales, generacionales, etc., es decir, las diferentes formas de ser mujer, construyendo así un sujeto diverso, las mujeres (con minúsculas y en plural).

Así, Sylvia nos muestra como las mujeres indígenas luchan por sus derechos dentro de su propia cultura, caminando junto con los hombres en la lucha por la tierra y el reconocimiento de sus derechos como pueblos originarios, pero al mismo tiempo, luchando por cambiar las costumbres que las excluyen como mujeres. En este sentido, la dualidad de opuestos en fluidez sería lo parejo, el lema zapatista de “todos iguales porque diferentes”, la complementariedad entre hombres y mujeres y no los opuestos jerarquizados propios de nuestra cultura.

Por último, en la tercera parte del libro, Sylvia nos presenta las luchas de mujeres en diferentes países como las mujeres beduinas en Israel, las mujeres palestinas e israelíes y la experiencia de mujeres musulmanas en Turquía e Irán. A través de estas experiencias traza puentes, que nos permiten ver similitudes con las condiciones de vida de las mujeres latinoamericanas, exclusión, ocupación, violación, despojo, explotación, pero al mismo tiempo procesos de resistencia desde sus propias culturas y desde sus diversas formas de ser mujeres.

En este apartado, critica la visión colonial sobre las mujeres musulmanas y señala la gran diversidad del Islam dependiendo del país y región en el que se practica, siendo necesario el análisis histórico de cada caso para poder comprenderlo, por ejemplo, la utilización del velo que en algunas regiones significa una imposición sobre las mujeres, en otras puede ser un elemento de resistencia cultural frente al colonialismo.

Así por medio de este recorrido por países diversos, Sylvia nos hace sentir como propios el dolor por un palestino asesinado, por la negación de la cultura beduina y el despojo de su terrirtorio por parte del Estado de Israel, por una lectura del Corán que se utiliza como instrumento de dominación de las mujeres, por la ocupación israelí en Palestina, sin embargo, en todos estos escenarios de guerra nos muestra también a mujeres que luchan por cambiar sus vidas y las de sus pueblos, mujeres que no se asumen como víctimas sino como sujetos históricos, mujeres que son un puente con las mujeres todas que luchan por una vida digna, mujeres que como las zapatistas han dicho ¡Basta! y junto con los hombres han comenzado a construir un mundo nuevo.

En suma, este libro-no libro-puente nos invita  a caminarlo, para cruzar fronteras y descubrir en esos otros feminismos abajo y a la izquierda, un espejo que nos permita mirarnos y mirar al otro, reconocernos como iguales porque diferentes, y mirar como señala Sylvia, que en esas experiencias de lucha se encuentra hoy “el germen y la posibilidad de concebir y crear otro mundo mejor y posible.”

 

Ciudad de México, 5 octubre 2010.

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