Reseña del Libro Cruzando Fronteras por Nicandro.

Lo primero fue la creación de la oscuridad.
No se la veía, no se la escuchaba, pero ahí estaba, omnipresente. Encadenada al don al que se encadena a quien se le concibe para servir, el de la ubicuidad, la mujer estaba. Estaba en el cuidado de la alimentación, en el lecho del amor y la enfermedad, estaba en la escuela, y aún en la academia cuando los hombres crearon los centros de educación superior para organizar mejor su poder. Como objeto de disfrute sexual del hombre, para embarazarse y parir, como recurso económico y fuerza de trabajo la mujer estaba. Como valor de uso y como valor de cambio estaba, más no como persona, no como mujer, la mujer estaba.
Muchas mujeres de siglos y siglos de entonces y después, no necesitaron de la lectura de ese pensamiento filosófico para vivir actuantes de tal afirmación.
Así, distante del autoamor la mujer estaba, invisible para sí misma, luego entonces invisible, cuanto más, para el hombre, la mujer estaba. En el espejo solo podía ver las arrugas que la servidumbre disfrazaba de tiempo en su rostro. Así la mujer estaba cuando ausente de si la mujer estaba. Más llegó el tiempo en que la mujer en otra mujer se empezó a mirar y entonces esas dos mujeres en otras más se miraron y la lucha de las mujeres comenzó, y un poquito de lo que hasta ahora ha sucedido en el camino, ya muchos caminos ahora de esta lucha, es que trata el camino de esta palabra.
I. El libro
Cruzando Fronteras es, dice la Doctora Compañera Sylvia Marcos, en la introducción: “…Un libro hecho de retazos de insurrección en diferentes ámbitos. Sí, sobre las mujeres; sí, sobre las indígenas; sí, sobre las cosmologías otras; sí, sobre mis andares por el mundo conociendo y re-conociendo experiencias de vida y rebeldía semejantes a las mías, a las de las zapatistas, de las feministas, de las académicas comprometidas con la creación de sociedades justas, sí, pero no en abstracto sino enlazadas y enfocadas desde otro lugar…”
Y este libro, nos dice Sylvia Marcos, que no quiere ser enteramente un libro, es también un ensayo para transmitir experiencias, ideas y percepciones de otra forma…espera ser, también, un espacio de lucha y un espacio de esperanza…”
La Doctora Compañera Sylvia Marcos lleva a las páginas del libro los frutos nutricios de la palabra de las mujeres organizadas abajo y a la izquierda. La palabra que en la espiritualidad indígena habla desde los muertos para construir futuro.
Así, En el Cruzando Fronteras encontramos una estación de la reaparición de saberes locales, de saberes ocultos que buscaron cobijo en las raíces orales para salvaguardarse de la colonización y la tiranía de la occidentalización, que civilización erigía con la espada y la cruz, primero, y la industrialización y la economía del mercado capitalista después.
De ahí que, a estas horas del calendario de la rebeldía, las páginas del libro sean como las aves y las abejas que llevan el polen que después en flores se convierte para colorearle una su sonrisa a la tierra. Ya que igual que ocurre pues con esta semilla en la tierra, los saberes sobrevivientes nos iluminan lo que la racionalidad occidental nos ocultó: Las raíces orales de las culturas indígenas que reaparecen ahora, de poco a poco, y de viva huella, y nos ofrecen mirada para que mirarnos mejor podamos en nuestro propio corazón, en nuestro propio rostro.
Así, desde ahí, en estas veredas de abajo y a la izquierda, las mujeres indígenas zapatistas cruzando fronteras desde muy otros calendarios ya están ya, desde oscuridades que invisibilizándolas les negaban existencia humana ya están ya. Las mujeres zapatistas, —que recibían de los finqueros el mismo trato que daban en la antigüedad los sabios griegos a los esclavos y las esclavas, a quienes no consideraban de humana hechura, pero si como instrumentos parlantes de trabajo, y les explotaban hasta la muerte— ya están ya cruzando fronteras abajo y a la izquierda, y los testimonios de sus luchas y sus ejemplos viajando están en los picos y las alas de esas aves y abejas que son las páginas de este libro.
Al Cruzando Fronteras no se le puede escatimar entonces consideración alguna en su decisión de ser un libro no libro, pues adherente de la Otra Campaña se puede afirmar que es, pues al leerlo se adivina luego luego que ha elegido un su trabajo como puente de rebeldías, como un correveydile a las mujeres que luchan por allá, de las luchas de las mujeres de por acá, y de las luchas de las mujeres de más por allá de los más alejados por allás, y de las luchas de las mujeres que están más cercanas de todas las luchas de las mujeres que han globalizado sus rebeldías, sin importar si son indígenas o muy mero no son indígenas, pero que se hayan reconocido en sus sufrimientos que como mujeres sufren, a manos de los patriarcas de las ciudades o de los campos, o de las montañas, o de las academias, o de las religiones, o de los clubes de rotarios, o del vaticano, o de las iglesias adventistas, o de algunas de las otras derechas, o de las mismísimas izquierdas donde izquierdas hay.
Hay entonces caminos aquí. Andares entonces hay en los Abajo que Cruzando Fronteras están. Y en el libro, en sus páginas, llegan desde los pasados del presente, “de entre los labios” de los pueblos que en la colectividad han resguardado los saberes que las libertades liberales han intentado extinguir, ya argumentando progreso, ya sin argumentar cosa alguna, así, como el poder tiene por costumbre hacer, como el señor de la guerra que es.
II. Para una Teoría muy Otra
Por todo, en Cruzando Fronteras encontramos también una posición teórica que adelanta elementos para elaboraciones —muy otras— de género, situadas en las cosmovisiones de los pueblos, de las luchas y la cotidianidad de los colectivos imaginadas, creadas y recreadas desde su espiritualidad que concibe a mujeres y hombres como dualidad en relación con la naturaleza, los ríos, la madre tierra, y que sin embargo se reconceptualiza ante los mundos no indígenas, y se nombra yo que soy mujer indígena, yo que soy hombre indígena, nosotros que somos indígenas, para valorar lo que tiene que cambiar y lo que tiene que permanecer en sus universos y en la relación con su comunidad y sus comunidades, para valorar los modos de ensanchar con otros hombres y otras mujeres de otras ciudades y de otros planetas los caminos, los espacios y los calendarios que den cabida a los mundos que se quieran nacer y a los que ya se han nacido ya.
En Cruzando Fronteras hay una clara distinción entre el feminismo que circunscribe su lucha a la opresión de los varones
Es otro feminismo que no camina cojeando sobre una sola pierna. Se apoya en las dos: mujer/varón en dualidad para poder así llegar mas pronto, dejándose con-mover ambos por los vientos que nos empujan hacia un mundo nuevo, sin olvidar, sin embargo, que estamos inmersas en sociedades podridas por ideologías machistas y patriarcales colonialistas. A limpiar, a tirar y a revivir, pero en conjunto, con y a través de los cambios en los varones y en la cotidianidad.
Meses atrás, Sylvia Marcos platicaba, allá por los rumbos de CU: Estudiar los aportes de la práctica de las mujeres indígenas a la construcción de la resistencia y la autonomía zapatistas, posibilita también el hurgar, desde el vasto campo de los estudios subalternos, elaboraciones teóricas no occidentales en las explicaciones del género desde intenciones y tendencias Descoloniales. Estas palabras tienen porqués e historias que las articulan, con las Beduinas del desierto del Neguev, con las mujeres en Irán, en Turquía, con la Sociedad de Mujeres Trabajadoras Palestinas en Ramallah, con las Trabajadoras Sexuales en México y otras latitudes, con las mujeres blancas, amarillas, rojas, negras, católicas, protestantes, cristianas, ateas, adventistas…
Sylvia Marcos habla, pues, de La Insurgencia de Saberes Avasallados que da lugar a la esperanza, justo cuando aun hay lugar para la esperanza. Fronteras adentro y fronteras afuera de lo que queda de los estados nación, se había fundamentado, desde las altas esferas del poder económico, político, militar, científico, en fin, desde todo el poder todo, la extinción —por asimilación-integración— de los indígenas. Más, al despertar el año 1994…
Un acercamiento a las tierras patrias afina corazón y mirada: la lucha de las mujeres zapatistas es coautoría de las luchas de los hombres zapatistas. Al crearse el EZLN, las mujeres transitaron el puente a la afirmación y autorepresentación en los cauces y brechas que esta organización abrió, haciendo pedazos las nociones de lo público y lo privado. Hacia 1997, las mujeres zapatistas llevaron al Primer Congreso Nacional de Mujeres Indígenas ocurrido en Oaxaca, su palabra: “Hermanas, los pueblos sin voz ni mañana nacimos… ganamos el derecho de ser escuchadas, por eso llegamos hasta ustedes… representamos las bases de apoyo del EZLN. Venimos a escuchar su palabra y a conocer su lucha”. Y el encuentro se dio, las mujeres de los otros pueblos contestaron: “Nos sumamos a la lucha que han iniciado… Si los de Chiapas iniciaron una lucha, no lo están haciendo solo por ellos sino por todos nosotros, los indígenas”.
III. Cruzando Fronteras
El libro testimonia un encuentro en el que se encuentran las luchas de las mujeres que han reconocido un enemigo común: El capitalismo que enrumba en cuatro ruedas malditas: El Despojo, la Explotación, la Represión, y el Desprecio en los mundos indígenas y en los mundos no indígenas. Solo en los encuentros de l@s de abajo y a la izquierda se entiende que, siguiendo a Walter Benjamin: “…ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si este vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer”.
Luego entonces, en la piel indígena es precisa la lectura que asigna la tarea de la palabra política —la historia— en pensamiento indígena: Transformar las relaciones sociales desde abajo, desde la izquierda, desde los condenados del mundo, para que este enemigo deje de vencer.

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1 Response so far »

  1. 1

    Anónimo said,

    un gran aporte a la lucha por un mundo sin dominación patriarcal


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